Lean In: Women, work and the will to lead

Sheryl Sandberg era una completa desconocida para mí hasta que una compañera de la universidad me habló de ella durante una calurosa mañana de primavera en una terraza de Barcelona durante un desayuno inesperado.

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La conversación estaba girando sobre desarrollo profesional y personal siendo mujer y el querer llegar lejos: el eterno debate y preocupación entre el querer ser (una buena) madre y una (buena) líder. Estábamos discutiendo si ciertos sacrificios valen la pena, como poder combinar ambas cosas, el papel del hombre en la discriminación profesional y su implicación doméstica, sobre si la sociedad está preparada…

No podemos obviar que Sandberg ha estado seis años en Google y, desde hace diez, en Facebook; compañías que no son precisamente conocidas por su política rígida contra las mujeres. Su trayectoria también facilita que pueda ilustrar las diferentes estadísticas y gráficas con experiencias vividas en carne propia. Por lo tanto, todos los elementos facilitan que Lean In sea un manual feminista de cabecera, positivo y que dan ganas de comer el mundo.

Lo que más me ha gustado del libro es que no es un manifiesto de guerra ni una llamada a la lucha armada. Lean In no deja de ser un desarrollo extenso de as respuestas a la pregunta de porqué no hay más mujeres líderes. La propia autora la responde a través de tres elementos que considera principales: sentarse en la mesa, tener un compañero de vida real y no abandonar antes de abandonar el trabajo (puedes ver un resumen en su charla TED aquí).

La autora desarrolla con naturalidad y claridad estos tres puntos desmenuzando los factores externos e internos que inciden en estos y otras causas sociales e históricas que llevan a la situación actual. De forma sencilla y honesta, Sandberg presenta hechos, números y experiencias que la llevan a ilustrar y resaltar otros puntos a tener en cuenta, además de la simple discriminación, y no duda en destacar las características negativas de ambos géneros.

La verdad es que a pesar de que la protagonista no tiene la misma vida sencilla que la gran mayoría, sus páginas se hacen cercanas. La realidad que cuestiona, patente; y las ideas que presenta, realizables y alentadoras. Un libro de cabecera para cualquiera que busque la igualdad de oportunidades entre géneros, quiera respetar a su pareja y quiera hacerla feliz ayudándola/e a cumplir sus sueños. El ABC del feminismo.

¡Leedlo!

Then he explained that the only one criterion mattered when picking a job – fast growth. When companies grow quickly, there are more things to do than there are people to do them. When companies grow more slowly or stop growing, there is less to do and too many people to not be doing them. Politics and stagnation set in, and everyone falters. He told me, ‘if you’re offered a seat on a rocket ship, you don’t ask what seat. You just get on’ “. 

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Una mujer contra los señores de la guerra

images“Este movimiento que estamos hilando debe venir de las luchas desde cualquier rincón del planeta: nuestro eco de resistencia en Afganistán, los gritos de agonía de los niños palestinos; las lágrimas por la democracia negada en Burma; los jóvenes estudiantes amantes de la libertad en Irán; la lucha de los hombres y las mujeres de Turquía de los que he escuchado historias de valor y coraje que tanto me han inspirado cuando se enfrentan a horribles torturas y asesinatos en las cárceles turcas; los esfuerzo de Venezuela, Chile, Cuba, Bolivia y otros movimientos progresistas en países americanos, la lucha del pueblo africano en aras de sociedades justas y libres… Nuestro sufrimiento, nuestro enemigo, es el mismo. Y nuestra alegría y felicidad, también”.

Esta es una de las muchas citas memorables que Malalai Joya escribe en Una mujer contra los señores de la guerra, un libro de denuncia acerca de la situación en Afganistán con detalles y datos que ilustran perfectamente un conflicto estancado e injusto.

Además de dibujar una imagen real y palpable del verdadero Afganistán, Malalai también repasa un poco su vida desde su estancia en los campos de refugiados en Pakistán, de la gestión de su orfanato y hospital en Farah, hasta su acelerada y efímera carrera política llevada ahora desde la clandestinidad debido a su lucha incansable acerca de los derechos de las mujeres. “Mientras una sola de nosotras no sea libre, ninguna lo será”.

Las mujeres en Afganistán apenas tienen acceso a la educación y al trabajo, hay que salir de casa acompañadas por el mahram, los permisos para viajar y para ir al hospital deben ser firmados por el marido, la voz de la mujer ante un Tribunal vale la mitad que la de un hombre, las niñas son víctimas de matrimonios forzosos y de ser intercambiadas para saldar deudas, reparar honores familiares; … entre muchas otras cosas que la ex- parlamentaria cuenta con rabia y crudeza. Por suerte, Malalai ofrece una visión más próxima y real del origen de este problema que de forma muy torpe interpretamos desde Occidente, como también lo hacemos con la presencia de las tropas internacionales, ahora cada vez menos, en el país asiático. La activista habla profusamente del papel que desempeñan fuerzas como Estados Unidos y la OTAN, acompañados de otros actores internacionales, en el mantenimiento, por ejemplo, del gobierno corrupto de Hamid Karzai, del mantenimiento de la narco economía y de las consecuencias derivadas del apoyo estadounidense a los talibanes en la época en que la Unión Soviética invadió el país.

“En tiempos de guerra, la primera víctima es la verdad”. Una mujer contra los señores de la guerra es, ante todo, la lucha para que se escuche la verdad de lo que sucede en Afganistán en todo el mundo. Un libro de una activista que clama a la acción y a la cooperación de todos para que, al menos, no nos dejemos engañar por las instituciones oficiales. Un libro que nos acerca un país devastado y cansado de años de guerra, de luchas y de violencia. Un país que necesita de la ayuda de todos nosotros para redoblar el pulso que su población, desgastada y desesperada, intenta mantener con su gobierno con el objetivo de conseguir lo que la mayoría quiere: una democracia, una igualdad de derechos y, sobretodo, la paz.

La Siria de las sirias

La imagen que acostumbra a dibujarse en nuestras mentes cuando hablamos de guerra es la de un valeroso soldado, uniformado de verde, con casco ovalado que le baila encima del cráneo y con una arma precisa y moderna. Lástima que esta polaroid sea tan sólo una imagen incompleta. Y lástima que nos cueste tanto verlo.

Los conflictos armados no sólo se desarrollan en el juego del aquí te pillo y aquí te mato sino que sus facciones son muchas y muy variadas, tanto como los protagonistas de la historia, uno de los cuales, son las mujeres; un colectivo del que, desgraciadamente, acostumbramos a olvidar su participación voluntaria e involuntaria en estas guerras.

imagesY es una lástima que se nos olvide porque tal y como explica la periodista Rosa Meneses en un reportaje publicado en el suplemento de El Periódico de Catalunya sobre el conflicto sirio, “la verdadera historia sobre la guerra de Siria no la cuentan las armas, sino las mujeres”. Su participación en la lucha armada no es muy significativa pero sí lo es en otras áreas imprescindibles como “organizar la educación en zonas sin Gobierno, la ayuda a los heridos, la logística en las áreas de guerra o la creación de pequeñas economías locales para subsistir en las localidades destruidas”, puesto que como recuerda el periodista Plàcid García Planas, en su libro Jazz en el despacho de Hitler, hay vida dentro de la propia destrucción de la guerra.

Importantes activistas como Leila Nachawati o Sara al Suri; la abogada y premio Anna Politkovskaya 2011, Razan Zaituneh o la norteamericana de residencia Jouejati son sólo algunos pocos nombres que están desempeñando un papel importante en el desarrollo de acciones sociales de apoyo a la población así como el establecimiento de unas futuras bases para una póxima Siria. Algo que a muchos de nosotros, se nos escapa.

Dejamos que la información de la lucha de resistencia y pacifista, que busca la manera de intentar vivir en un contexto bélico se nos escurra entre las manos porque otras informaciones menos atrayentes se nos graban en la mente. Informaciones (no menos exactas) de violencia sexual aparecen en el reverso de nuestros ojos cuando oímos las palabras mujeres y guerra en una misma frase.

Esta polaroid, oscura, con sólo el atisbo de pequeñas luces que dibujan sombras de féminas son, por desgracia, contrastadas, manifestadas y denunciadas por organizaciones de la talla de Human Rights Watch, el International Rescue Committee o la Woman Under Siege (WUS), organización que “se dedica especialmente a guardar constancia de los casos de violencia contra mujeres”. Según sus datos, “más del 53% de los perpetradores de este tipo de agresiones pertenecen a las fuerzas del Gobierno y en un 20% han sido infligidas por los Shabiba (matones del régimen)”.

Situación que se repite, por ejemplo, en los campos de refugiados establecidos en países de al lado de Siria como Jordania, en donde entre el “laberinto de tiendas de lona, charcos de barro y basura amontonada (…) también son víctimas de violaciones y de las mafias”. La Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) estima que hay más de 787.000 sirios y sirias fuera de su país huyendo de la hambruna, la guerra, la destrucción y las represalias buscando refugio en zonas colapsadas, superpobladas y, muchas veces, abandonadas.

Así, muchos son los elementos que inmiscuyen a la mujer para no tenerla en cuenta en los contextos bélicos, no sólo en su desarrollo, sino también en su resolución.